Las banderas del mañana
Por qué Raimon sería considerado un imperialista de ultraderecha en Japón y a lo mejor debería serlo también en España.
El 9 de agosto de 1999 entraron en vigor las leyes que, por primera vez tras la 2GM, consagraban la Hinomaru y Kimiyago, la bandera del círculo rojo sobre fondo blanco y el himno, como símbolos oficiales del estado.
Pero la bandera del “círculo solar”, que es lo que significa literalmente en japonés, a pesar de estar datada como emblema naval ya en el siglo XV, no representa la identidad de todos los japoneses. Hinokimi, la ley de símbolos, generó casi automáticamente una red de protesta que une a coreanos y japoneses.
La polémica, al fin, descubre el fracaso de la voluntad de clarificar la responsabilidad japonesa durante la ocupación de Manchuria y la Guerra del Pacífico. Es difícil generar cambios radicales en la identidad, rupturas traumáticas con el pasado sin generar resacas identitaristas y xenófobas.
El problema es que cuando el pasado es infame no basta con lecturas sentimentales, morales, como hizo el maestro Tezuka Osamu con su “Adolf”. Hay que romper con la identidad heredada.
Yo, que cada mañana, camino del trabajo, tengo que pasar delante de la famosa bandera de la Plaza de Colón, no puedo dejar de pensar en que “la rojigualda” es como la hinomaru española. Con un agravante: los muertos, las víctimas de los campos de concentración, de los crímenes horrendos que acabaron en el exilio o la fosa común por los que enarbolaban esa bandera, formaban parte de la misma comunidad a la que pretende representar. No se puede echar la culpa a las malas influencias extranjeras. O a las lecturas sesgadas. España es un país en el que hubo una guerra civil terrible. Y una larga dictadura posterior. Toda identidad viable que supere aquel horror, debería partir de la ruptura con el pasado.
No valen ni los colores ni los acordes de aquel tiempo. No valen la rojigualda ni el himno. Reivindicar la continuidad sería reivindicar el mayor fracaso posible que una comunidad humana puede sufrir: la guerra civil.
Decía Raimon aquello de que “quien pierde sus raíces pierde su identidad“. En Japón le llamarían imperialista y reaccionario. Aquí seguramente deberían hacerlo también. Para no matarnos entre nosotros seguramente haya que cortar las raíces para cambiar la identidad.
30 dEurope/Berlin Diciembre dEurope/Berlinl 2005, Viernes at 21:13
Soy valenciano y admirador del de Xativa. Me encanta tu lectura por original. No vivi aquella tragedia. Solo tengo 28 años, pero sí se algo de lo terrible que fue porque algun abuelo mio llevo hasta su muerte la herida que le dejo en el alma en forma de silencio y olvido atroz. También se de que parte hubiera estado de haber pasado por tan grave trance. Por supuesto con la legalidad republicana.
Yo, personalmente creo que Raimon no habla en su canción de “no ruptura” y mucho menos de construir una identidad común sobre aquel horror y la terrible dictadura que le siguio, así como su vergonzante fin. Creo que habla de memoria historica. De aquella que mi abuelo decidio guardarse para sí, pero que el conservo como recuerdo sufrido en sus propias carnes, hasta que murio. Y esa, es la memoria que nos hace falta a todos para convencernos de la necesidad de ruptura con aquel pasado y aquella identidad nacional rancia, a pesar de tanto revisionismo y involucionismo político.
De todos modos gracías por tu reflexion tan necesaria para gente de nuestras generaciones y posteriores, que nacio bajo esta bandera y esta democracia desmemoriada. La legitimidad identitaria vendra con más democracia, y mas memoria, para poder asi definitivamente romper.