Gedatsu-kai y el apaleamiento de Bono
El peligro de los que defienden los “valores familiares” es que quieren tratar a los demás como a sus hijos pequeños y si llega el caso matarlos a azotes “por su bien”… que se lo digan a Bono.
Gedatsu-kai es un buen símbolo de como el viejo mundo se adapta al nuevo creando monstruos intemporales. Se trata de lo que en Japón se llama una “secta”, es decir, un grupo de discurso religioso que se genera pautas de relación y formas de socialización propias entre sus miembros.
Gedatsu-kai fue creada por en 1929 por el maestro Gedatsu Kongo, un hombre de negocios que dejó todo a la muerte de su mujer y se retiró a meditar. Su pensamiento es una mezcla de conservadurismo político y social con un fondo sentido de culpa a la japonesa. Formalmente parece una mezcla bastante convencional de shintoismo y budismo. Pero el resultado y su abrumador éxito e influencia es realmente original y novedoso.
Antes de establecer comparaciones (las más comunes son con el Opus Dei y los Legionarios de Cristo) quiero hacer una nota: como cualquiera que haya leído esa gran obra de arte de la novela manga que es Ikkyu, el budismo no es ese buenrollismo con túnica que venden el Dalai Lama y Richard Gere. Ikkyu, con sus relatos de abusos sexuales y violencia física contra niños y el trasfondo de interferencias político religiosas no escandalizó a nadie en Japón. Sabemos lo que es. El budismo es en eso y en sus ambiciones políticas muy comparable al catolicismo en su historia, cerrazón y horrores. Por eso una de las piezas fundamentales de la alianza en la que se sustentaba la revolución Meiji, era la creación -a partir de la religiosidad shintoista popular- del Koshitsu Shinto y su elevación, por primera vez en la Historia de Japón, a religión de estado.
Gedatsu bebe de toda esa tradición en el mismo sentido en que los legionarios beben de opusinos, jesuitas y dominicos. Y lo hacen de un modo paralelo: desde el discurso de exaltación de los “valores familiares” (no se pierdan Sun-sun, su producto de marketing extremo para niñas) y el “trabajo como forma de oración”. Un discurso que parece ser grato a grupos nutridos de dirigentes políticos, de los servicios de información, las capas profesionales tradicionalistas y la pequeña burguesía con problemas identitarios.
Porque a diferencia de España, donde todavía nadie se ha decidido a hacer un buen estudio sociológico de los violentos de la nueva extrema derecha y sus grupos religiosos afines, en Japón todo se ha pasado por la lupa de las universidades. Si no les molesta leer en inglés no se pierdan este paper de Byron Earhart. La conclusión a la que llegan los sociólogos de la religión desde distintos caminos metodológicos es interesante. Y aplicable a España, me temo:
En Japón, el crecimiento del neotradicionalismo nacionalista es un producto perverso de la americanización cultural posterior a 1945. Muchos de sus miembros incluso pasaron por una etapa de aproximación al cristianismo, fase última de la aculturación… que al final generó un sentimiento de culpa para el que Gedatsu-kai ofrece una buena cura. Su ritual central establece la comunicación con los antepasados (base del Shinto) a los que siempre representa enfadados por el olvido de sus descendientes. Es la culpa del que se acomplejó frente a Hollywood e intentó llevar una vida clonada, la que llevó a estos conversos a su conservadurismo político y su nacionalismo extremo actual.
Cuando veo hoy las imágenes de Bono apaleado, incapaz de comprender por qué él, españolista de toda la vida, tiene que sufrir esas violencias, pienso en Japón, en los conversos, en los que redescubren y reinventan eclécticamente la tradición. Y me pregunto si el europeismo de la España de los 80, acomplejada y copiota de “nuestros vecinos” que disfrutaban libertad sexual y bienestar social, no está en el origen de este horror que se nos viene encima y que a fin de cuentas no es más que la reacción política de unas almas mediocres, violentas y perdidas. Aquellas que como practicante del Shinto no puedo recomendar sino limpiar, al modo de Misaki Saiki, claro.