Pulse, las leyes de Clarke y la república de los lammers

18 dEurope/Berlin Noviembre dEurope/Berlinl 2005, Viernes

Llega “Pulse”, una nueva entrega del cine “J-Horror”. Nuestro favorito.

PulseWired le llama J-Horror: pelis japonesas de terror donde los muertos se comunican a través de gadgets electrónicos.

Ya hablábamos de esto cuando estrenaron Llamada Perdida y no podía ahora menos que enlazaros, en espera del estreno de Pulse, una entrevista que acabo de leer a Kiroshi Kurosawa, su director.

Esta nueva entrega del J-Horror cinema pasa ya del móvil y se apunta a la moda del vídeo-Podcast. Y es que el género no es sino la más acabada expresión de una cultura popular escindida entre la superstitio y una tecnología que para venderse quiere ser tan simple como una caja. Y cuando algo es tan simple como una caja -o un sombrero- pero hace cosas maravillosas, sólo puede ser magia. Ya lo decía la tercera ley de Clarke:

Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia

Y parece que vuelve. La magia… Y los fantasmas.

Y no es sólo por esto que nada me parezca más peligroso que ciertas loas de la simplicidad tecnológica. Bajo el discurso de la tecnología simple, se encuentra muchas veces, en realidad, la exaltación de una tecnología para irresponsables.

La industria, lógicamente, quiere fabricar en masa consumidores. Pero para mi el horizonte está en formar ciudadanos activos que colaboren espontáneamente por su propio interés y placer, al modo de la blogsfera o las comunidades de software libre.

En ese marco, la simplicidad en determinados campos, es un discurso adormecedor. Soma para lammers, fantasía de gorrón: pretender ser iguales en beneficios sin el esfuerzo de aportar nada al conocimiento social… Como los niños que se bajan cracks de programas de juegos pero no se les ocurre subir sus trucos, los comentaristas de bitácoras que nunca escribirán la suya pero gritan ¡censura! si sus diatribas no son publicadas en pie de igualdad con los posts del blogger al que comentan, o los que maldicen el software libre por no tener prestaciones específicas que ni siquiera se han molestado en especificar para que otro pueda programarlas. En una palabra: la vagancia y el miedo como formas de egoismo antisocial, opuestas al egoismo colaborativo del mundo devolucionista de las redes distribuidas.

Dos actitudes, dos mundos, que surgirán “espontáneamente“, no en función de un conflicto moral, sino en función de las formas y estructuras que tomen la propiedad intelectual y la comunicación electrónica. Cacharritos, trastos, utilidades, herramientas y cajas incluídas.

Kou, llamada perdida

19 dEurope/Berlin Enero dEurope/Berlinl 2005, Miércoles

Kou Shibasaki protagoniza un 13M a la japonesa en una plomiza tarde de enero madrileña

Domingo de enero en Madrid, la tarde plomiza pide cine y palomitas. En cartelera Kou más sexy que nunca haciendo cine de terror para adolescentes japoneses: Una llamada perdida. Y no Ugarte, no me sea pesao, esta no era para Rajoy.

Una llamada perdida es casi, casi, un hermanito pequeño de Ringu, no al estilo de The Ring, traducciones culturales y ñoñerí­as incluí­das, sino en el sentido en el que lo son Jason y Freddy, Predator y Alien, Acebes y Michavila o Arturo Fernández y Zaplana.

Kou Shibasaki en Llamada PerdidaLo curioso es que cuando busco en Google encuentro que sólo se ha distribuí­do en España y Japón. El argumento ayuda. La base es la misma que en Ringu: el fantasma de una niña psycokiller aterroriza a un grupo de estudiantes de instituto. De ése instituto precisamente, sí­, de ése en el que perdonamos a todas las chicas haber repetido cinco cursos mí­nimo por lo bien que les queda la minifalda. Hasta ahí­ bastante comercializable e internacional. Pero mire usted que este fantasma es un auténtico virus de Outlook que se transmite a todos los que están en la agenda de la última ví­ctima.

Como el 13M, dirían algunos. Pero qué va. Ya quisiera Ana Mato que los vaqueros le sentaran como a Kou Shibasaki y ya quisiéramos nosotros haber ido a ese instituto.

Pero vayamos a lo importante: ¿por qué el éxito del argumento precisamente en España y Japón?. Una teorí­a: junto con Corea en Asia e Italia en Europa, son seguramente los dos paí­ses con una cultura keitai (”cultura de móvil”) más desarrollada. Muy distintas, pero muy amplias.

Si habíais visto la película por ejemplo, no os llamó la atención la forma de intercambiar números de teléfono en la primera escena? Un grupo de amigos está en un restaurante cenando. Uno de ellos escribe su número en un posavasos y lo pasa a los demás que le hacen una perdida. Hasta aquí­ como en España… sólo que en España luego seguirí­an todos los cruces. En Japón no es necesario porque los keitai japoneses pueden enviar directamente mensajes con direcciones de que se incorporan directamente a la agenda del receptor. El chico que empezó la cadena enví­a a cada uno el teléfono de los demás.

La agenda del móvil es, en Japón y en España, sinónimo de red social personal. Existes para alguien si estáis en su móvil. Existen aquellos de tus amigos a los que puedes llamar. Esa es la base del argumento de la peli: ninguno estamos a salvo de ser alcanzados por un tsunami social en red, todos estamos, al final, conectados con todos.

En Japón sin embargo, seguramente por el peso de las convenciones sociales tradicionales, estar en el móvil es existir, pero no necesariamente estar disponible. Eso se ve bien en la pelí­cula. Por eso el fantasma asesino deja mensajes en el buzón. Un japonés no interrumpe una conversación por una llamada que no está esperando o intuya extremadamente urgente. En España donde también casi todo el mundo tiene móvil mantener una conversación normal (sin interrupciones continuas del interlocutor para atender el teléfono) es casi imposible en cualquier entorno. En Japón los presentes tienen prioridad sobre los ausentes. O en la clave de la pelí­cula, los vivos sobre los muertos.

Mi impresión es que eso se debe en España a un atavismo. Un recuerdo de cuando recibir una llamada de teléfono o un telegrama implicaba una desgracia o una noticia tremenda. Mi experiencia es que eso hace que el uso del móvil en España sea estresante: si no lo coges o rechazas la llamada, te reprocharán luego haberlo hecho.

Joko TaniguchiLa cultura keitai tiene sus cosas. Como comentaba con relación a su novio la chica japonesa keitai-adicta de la foto (que por cierto debía ir también al mismo instituto de las pelis):

estamos tan acostumbrados a los móviles que siento como si la cantidad de comunicación que tengamos con ellos indicara cuanto nos queremos el uno al otro. Así­ que ahora que mi novio ha dejado su móvil me siento insegura, no se cómo podría medir su amor o confiar en él de aquí­ en adelante

Japón y España comparten una cultura de fondo de fuerte control social, en el que tu pandilla, tu pareja o tu familia se sienten en el derecho de exigirte un mí­nimo de comunicaciones y reportes diarios. La vuelta de tuerca española es que desde el momento en que alguien tiene tu móvil, se te supone la disponibilidad obligada y por defecto en todo momento. Eso es lo terrible de estar en las agendas de otros. Según de quién, peor que el más sanguinario thriller.


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