Wabi Sabi

14 dEurope/Berlin Diciembre dEurope/Berlinl 2006, Jueves

“Wabi-sabi is a beauty of things imperfect, impermanent, and incomplete. It is a beauty of things modest and humble. It is a beauty of things unconventional.”

libroParece que se ha puesto de moda. Artistas, diseñadores y fans varios de la estética zen en occidente descubren el viejo concepto japonés de 侘寂 (wabi sabi) tan nuestro como los almendros o el sashimi.

Algo está teniendo que ver el libro del que habla Javier Cañada en su blog: Wabi-Sabi: for Artists, Designers, Poets & Philosophers de Leonard Koren (que no Cohen) que está teniendo mucho éxito y probablemente convirtiendo a Koren en el nuevo gurú occidental para aquellos asuntillos relacionados con el espíritu.

wabi sabiAunque pueda parecer la oportunidad comercial de continuación del feng shui, tiene puntos suficientes para merecer nuestra atención por la recomendación de Javier, quien por cierto nos regala en su post un clarificador esquema de las similitudes y diferencias entre wabi-sabi y la estética modernista que hace Koren.

La estética wabi-sabi hace referencia a la belleza de lo imperfecto, lo impermanente y lo incompleto, al envejecimiento natural de los objetos orgánicos humildes, modestos y sencillos. El óxido del metal, la madera envejecida, la tela gastada o la vegetación espontánea en la construcción humana; aquello que inspira nostalgia espiritual y melancolía otoñal.

sojoWabi, que en un principio significaba algo así como la soledad de vivir en la naturaleza, pasó a referirse más bien a la simplicidad y tranquilidad de lo rústico y Sabi se refiere a la pátina de belleza y serenidad que trae el paso del tiempo.

Es complicado explicarlo de forma completa pero el interés suscitado es interesante y también sus aplicaciones al arte, siempre que no se caiga en la impostura de la adopción de estéticas y espiritualidades exóticas por el simple hecho de (de)mostrar lo chiripitiflauticamente cool que es uno.

Me ha gustado la reflexión final de Javier que recordaba la casa del pueblo de sus abuelos y como los objetos iban adquiriendo ese encanto especial con los años mientras que los objetos de hoy (quizás porque abusan del plástico) envejecen muy mal.

Es cierto, lo orgánico envejece con estilo pero creo que lo que ocurre hoy va inevitablemente unido a un estilo de vida en el que ya sea por la precariedad de los sueldos o por el nomadismo de búsqueda del sagrado, se impone un universo de objetos de corta vida, mal envejecimiento y a veces pésima calidad. Ikea y Zara por ejemplo: artículos “baratos” que duran un año.mesa lack

Puede que lo mejor para estas vidas que llevamos sea algo intermedio. Dentro de lo posible (y sin dejar nunca de buscar Sión) no escatimar en gastos para una cuidada y pequeña selección de objetos con los que se produzca una mayor o más intensa relación y aprovechar los productos de los grandes monstruos en los inevitables momentos de transición, en los que siempre se está más comodo con una mesa donde comer y un sofá para los invitados.

Las banderas del mañana

22 dEurope/Berlin Enero dEurope/Berlinl 2005, Sábado

Por qué Raimon sería considerado un imperialista de ultraderecha en Japón y a lo mejor debería serlo también en España.

Un recuerdo de otros tiemposEl 9 de agosto de 1999 entraron en vigor las leyes que, por primera vez tras la 2GM, consagraban la Hinomaru y Kimiyago, la bandera del círculo rojo sobre fondo blanco y el himno, como símbolos oficiales del estado.

Pero la bandera del “círculo solar”, que es lo que significa literalmente en japonés, a pesar de estar datada como emblema naval ya en el siglo XV, no representa la identidad de todos los japoneses. Hinokimi, la ley de símbolos, generó casi automáticamente una red de protesta que une a coreanos y japoneses.

La polémica, al fin, descubre el fracaso de la voluntad de clarificar la responsabilidad japonesa durante la ocupación de Manchuria y la Guerra del Pacífico. Es difícil generar cambios radicales en la identidad, rupturas traumáticas con el pasado sin generar resacas identitaristas y xenófobas.

Portada de Adolf de Tezuka OzamuEl problema es que cuando el pasado es infame no basta con lecturas sentimentales, morales, como hizo el maestro Tezuka Osamu con su “Adolf”. Hay que romper con la identidad heredada.

Yo, que cada mañana, camino del trabajo, tengo que pasar delante de la famosa bandera de la Plaza de Colón, no puedo dejar de pensar en que “la rojigualda” es como la hinomaru española. Con un agravante: los muertos, las víctimas de los campos de concentración, de los crímenes horrendos que acabaron en el exilio o la fosa común por los que enarbolaban esa bandera, formaban parte de la misma comunidad a la que pretende representar. No se puede echar la culpa a las malas influencias extranjeras. O a las lecturas sesgadas. España es un país en el que hubo una guerra civil terrible. Y una larga dictadura posterior. Toda identidad viable que supere aquel horror, debería partir de la ruptura con el pasado.

No valen ni los colores ni los acordes de aquel tiempo. No valen la rojigualda ni el himno. Reivindicar la continuidad sería reivindicar el mayor fracaso posible que una comunidad humana puede sufrir: la guerra civil.

Decía Raimon aquello de que “quien pierde sus raíces pierde su identidad“. En Japón le llamarían imperialista y reaccionario. Aquí seguramente deberían hacerlo también. Para no matarnos entre nosotros seguramente haya que cortar las raíces para cambiar la identidad.


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