Alegrías gastronómicas
20 dEurope/Berlin Abril dEurope/Berlinl 2005, MiércolesPara celebrar el post del otro día y la próxima marcha de un equipo ciberpunk con Natalia y David a la cabeza a Ucrania, qué mejor que un auténtico almuerzo ciberpunk oriental.

El auténtico gourmet siempre vuelve a la escena de sus crímenes… normalmente llevando consigo a unos cuantos amigos.
Y aprovechando que siempre hay cosas que celebrar, como la marcha de David y Natalia a Ucrania… qué mejor que darnos un auténtico homenaje oriental.

La fiesta -bien regada por un par de botellas de Rioja- se abrió con dos platos de camarones secos con perejil chino, frititos, crujientes… la versión oriental de los chanquetitos andaluces, mientras David y María discutían el rediseño de Ciberpunk haciendo dibujitos en la Moleskine, una moda que según me cuentan introdujeron Roger Colom y Suso de Toro en el grupo y de la que ha sido apostol Amaya.

Seguimos con una ensalada de algas que no pareció acabar de convencer a los de tierra adentro pero que hizo las delicias de los añoradores de la mar, seguidas de las inevitables fuentes de Xien Lon Bao (a la plancha y al vapor), pastelitos de arroz con corazón de judía roja y una fuente de pasta de arroz salteado con cangrejo.

La cosa pasó a mayores con el arroz frito Jie-Kai con verdura agria y verdura seca y unas exquisitas y delicadas navajas del mar de China con salsa de puerros y soja… previas a la rendición del café porque ni para postres quedaba ya hueco.
Y caminito del café… nos encontramos jugando la gran final del campeonato mundial de futbol plaza. Plaza del dos de mayo. Edad media del equipo contrincante: 10 años. Sí, llevas razón: unos abusicas… sabían que faltaba nuestro mejor delantero. Pero no nos arredramos… corrimos, saltamos, gritamos… Y sobre todo, lo pasamos genial. La alegría de vivir abre mundos.

Los pesos pesados de la tele por cable llevan apodos como el monstruo, la cuchilla de afeitar, el carnicero, el asesina o la aguja de hacer punto. Las partidas más famosas de la historia incluyen la partida de vomitar sangre de 1835, la famosa matanza de 1926 y la bomba atómica de 1945.
Y no, éste no es un deporte de fuerte contacto físico. Es un juego sencillito donde dos contrarios, sentados confortablemente y equipados normalmente tan sólo con cigarrillos y un cuadernito de papel, se dedican a colocar pequeñas piedras, uno negras, otro blancas en una rejilla de madera plana. Es sencillo en sus reglas y movimientos. Y a pesar de todo tan complejo que a pesar del premio que desde hace muchos años ofrece una recompensa de $1.6 millones de dólares, no hay todavía un ordenador que sea todavía capaz de ganar a un chico despierto de diez años.


No es ningún secreto mi pasión por la buena cocina, tanto la mediterránea como la asiática. Eso sí, ambas tienen que ser “de verdad”… y eso, cuando uno sale a comer fuera no es tan fácil, sobre todo si no está dispuesto a gastarse el equivalente a un mes de alquiler antes de decir Buenos Días.
Pues bien, hoy me toca daros la pista de uno de mis mayores secretos: el restaurante Alegría, en la calle San Leonardo, al lado de Plaza de España. Un sitio donde acaban de traducir la carta al español por primera vez (estaba en chino), donde todavía cocinan delante tuya (la otra noche vi como preparaban estas riquísimas empanaditas al vapor que me comí al día siguiente) y donde -único fallo- las amabilísimas señoras que atienden el local a duras penas entienden español.
Consejo: Mirar lo que comen los habituales alrededor y señalar con el dedo. Los nombres no son muy significativos a veces, por ejemplo, la foto de arriba (Flores de sepia en salsa de puerros) aparece en su traducción española como “Albóndigas de Sepia” y la “Sopa de pescado con wan-tung de merluza y fideos” de la foto no confiesa ser sopa -lo que es la base de la cultura gastronómica china- sino Fideos con pescado… pero en fin, las sorpresas son siempre, aquí, agradables, así que tampoco pasa nada. Por cierto, si queréis ver la diferencia con cosas que os serán familiares pedid un rollito de primavera o un modesto wan-tung frito (a la plancha) y veréis como a partir de ahora nada será igual cuando penséis en comida china.